Miguel Aznar
Después de terminar brillantemente su carrera de Derecho en el Colegio Universitario Domingo de Soto (perteneciente a la Universidad Complutense) en Segovia, su ciudad natal, Miguel consideró que quizás sería bueno para el Cuerpo de Jueces contar entre sus filas con personas como él.
Para ello se preparó las oposiciones a juez durante varios años, pero al final llegó a la conclusión de que el Cuerpo de Jueces no compartía, lamentablemente, su misma opinión. Miguel nunca consideró que sus duros años de opositor fueran en vano, pues le permitieron adquirir un conocimiento más amplio y profundo del Derecho en todas sus áreas, muy útil en su vida profesional.
Miguel se incorporó en 1992 en una de las agencias de Propiedad Industrial más importantes de España, desarrollando su labor en el área contencioso-administrativa (con intervención ante tribunales españoles y comunitarios) y en procedimientos administrativos (ante diversos organismos nacionales e internacionales), tanto en materia de marcas como de patentes.
Entre los asuntos más importantes en los que ha intervenido, y que contribuyeron sin duda a su desarrollo como abogado, se encuentran el conocido conflicto en España sobre la marca NIKE (en su vertiente contencioso-administrativa) y la batalla librada por los laboratorios farmacéuticos innovadores hasta que el Tribunal Supremo reconoció finalmente la extensión de la protección a las reivindicaciones de producto de las patentes europeas validadas en España como patentes de procedimiento, doctrina que, sin embargo, fue posteriormente revocada por el TJUE.
A nivel administrativo ha cosechado muchos éxitos en un ámbito legal “espinoso” y nada deseable para los profesionales del sector: la solución de asuntos en caso de pérdida de derechos por la vía del “restablecimiento de derechos” (“restitutio in integrum”), hasta el punto de convertirse en un especialista en la materia. No en vano, entre sus compañeros recibió el cariñoso apelativo de “Mr. Brown” al asumir la mayoría de los asuntos, a priori difíciles de salvar, ante la EPO, OMPI y OEPM.
Tras 20 años de experiencia en la primera agencia, Miguel comenzó una nueva etapa profesional en BALDER, para seguir haciendo lo que siempre le ha impulsado profesionalmente a seguir adelante: prestar un servicio jurídico de calidad en un despacho donde lo mejor nunca sea enemigo de lo bueno. Miguel se ha consolidado como un abogado referente en la defensa ante los tribunales en procedimientos en materia de propiedad industrial y de propiedad intelectual; contratación en materia de software y asesoramiento en la implantación de sistemas de secretos empresariales.
Como buen segoviano, está enamorado de su ciudad y de los alrededores (que conoce perfectamente), aunque al mismo tiempo también se confiesa un enamorado de la vitalidad que desprende la ciudad de Madrid, y todo lo que ella ofrece: su gente abierta, sus calles, sus parques, sus Museos y, sobre todo, ¿por qué no decirlo? sus restaurantes.


